Con el arribo de los Jesuitas a la colonia en 1568, y en particular el Corregimiento de Santa-Nepeña-Moro-Casma-Yaután, Pativilca, para ocupar las tierras que conformaban el valle Nepeña donde cultivaron caña de azúcar mientras que Motocachy fue reservada para la vid; La producción de la caña de azúcar en la hacienda San Jacinto y de vinos y aguardientes en la hacienda Motocachy fueron impulsados industrialmente. Con lo que se corrobora, de que la labor religiosa estuvo, en toda la colonia, asociada a estos cultivos, a través de las haciendas que conducían y de los pueblos cercanos portadores de bienes y servicios como lo fue Moro.

La iglesia recaudaba los diezmos de la producción agrícola y ganadera de las haciendas y arrendatarios, quienes pagaban muchas veces con sus productos, como lo fue con botijas de aguardiente y vinos; sostiene Alberto Flores Galindo, en su libro Aristocracia de Plebe (1984)

"En 1654  el maestro Fray Francisco Huerta Gutierrez , Juez visitador de las tierras  que poseía por orden de Francisco Nieto Maldonado, escribano real y de visita se entregó, el día 29 de Mayo de 1654 en la referida hacienda San Jacinto 70 fanegadas según aparece en los títulos". Al año siguiente (1655) "los terrenos de Santo Tomás de las Pampas, jurisdicción de la hacienda San Jacinto fueron otorgados por Pedro de Abraham regidor perpetuo de la ciudad de los reyes por así, en nombre de su heredero otorga a favor de don Mateo Aliaga bajo los herederos que se expresan en este instrumento que se otorga por el cual José Savaleta de la Cerna. Escribano público de la ciudad de Lima".

Las fuentes no permiten deducir que para 1585 ya se habían configurado en la cuenca del Nepeña, además de la hacienda de San Jacinto, las de San José de las Pampas y Santa Gertrudis de Motocachy, la que en los primeros años de la Colonia estuvo a cargo del Capitán Carrillo, a quien la Corona le asignó en agradecimiento a sus servicios prestados a favor de la conquista; y a la vacancia por su muerte, el Rey de España la adjudicó al colegio de Jesuitas; conforme hace referencias Luis Muñoz C. en su libro Remembranzas de Moro.

"El diezmo de esta hacienda (San Jacinto) pertenecía al Partido de Santa, Casma, Nepeña y Moro; por tiempo de 5 años 1250 pesos correspondiendo la hacienda San José de las Pampas y Santa Gertrudis de Motocachy, contiguo a la hacienda de San Jacinto, propiedad del colegio de Jesuitas, noviciado de Lima"

Las haciendas conducidas por los religiosos, lograron connotancia y un perfil social, económico y político determinante en las colonias hispanoamericanas; en el Perú sus monocultivos de caña de azúcar, vid, algodón y la industrialización de estos con productos de exportación, acapararon la dinámica mercantilista de los puertos. Al siglo XVI, los Jesuitas tenían grandes y numerosas propiedad en todo el territorio colonial del Perú y que no podían legarlas.

      En el lapso de 17756 a 1769, todas las haciendas de propiedad de los Jesuitas fueron sometidas a investigaciones tendientes a verificar el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Las haciendas confiscadas pasaron a la administración de la Dirección de Temporalidades. El Rey Carlos III ordenó la expulsión de los Jesuitas en 1767 de todas las colonias hispanoamericanas. Subastada la hacienda Santa Gertrudis de Motocachy "fue adquirida por el maestro de campo, don Justo Salas de Ordoñez. De los descendientes de éste adquirió acciones Don Pedro Terry Salazar. En enero de 1872 fue vendida a Don Henry Swayne de nacionalidad escocesa, quien ya era propietario de San Jacinto, consolidándose una unión que hasta ahora perdura"